Mitos de la humanidad: Causas de vida y muerte

Resulta sorprendente que numerosas mitologías ofrezcan tan pocas explicaciones sobre la creación de los seres humanos. La tradición hebrea representada en el libro del Génesis bíblico se limita a decir que Dios «creó al hombre a Su imagen y semejanza».

Creación de Eva con una costilla de Adán
La idea de la primera mujer como derivado físico del primer hombre aparece en el relato bíblico de la creación de Eva con una costilla de Adán. Entre los múltiples paralelismos se cuenta un mito del África central el que la primera mujer surge de la rodilla izquierda del primer hombre.

Según un mito griego, el primer hombre fue creado con arcilla y la primera mujer con tierra. En líneas generales, el relato sobre la creación cósmica es más complejo que el de los orígenes de la humanidad.

En Norteamérica, un mito hopi cuenta que los primeros seres humanos fueron modelados con tierra por la Mujer Araña, divinidad creadora. En África, la mayoría de los mitos dice que el creador hizo a los seres humanos en otro lugar desde el que después se los trajo al mundo.

Según ciertos relatos, caen de los cielos en el comienzo de los tiempos, mientras que los hereros del África suroccidental creen que las primeras personas salieron de un «árbol de la vida» situado en el infierno. Otro motivo extendido por África es un dios que crea una vasija de la que después emergen los seres humanos. En la versión de los azandes, los hombres se encontraban al principio en una canoa sellada, junto al sol, la luna, las estrellas, la noche y el frío, y cuando el sol derritió el sello, salió la humanidad.

Los orígenes de la desgracia

Tanto si el mundo cobró vida por casualidad como por voluntad divina, una vez creado se lo considera sujeto a cambios arbitrarios en todas las mitologías. La causa de acontecimientos impredecibles se atribuye en muchos casos al capricho de unas deidades motivadas por emociones en apariencia tan humanas como el deseo sexual, la cólera o los celos.

En la mitologia egipcia, el violento dios Set creó la destrucción en la tierra al matar a su hermano Osiris, de cuya fama estaba celoso. El odio de la diosa griega Eris («disensión»), ofendida porque Zeus no la había invitado a la boda de Tetis, ninfa del mar, con un mortal, Peleo, desencadenó de forma indirecta la guerra de Troya, contienda en la que una complicada serie de acontecimientos cuyos principales protagonistas son seres divinos movidos por motivos bajos provocan grandes sufrimientos y pérdida de vidas.

La mitología griega nos transmite un mensaje similar en el relato de la aparición del mal en el mundo, bajo la forma de enfermedad y muerte, que también se consideran resultado de una larga lucha entre seres sobrenaturales (Zeus y Prometeo en este caso). El mito explica asimismo la creación de la primera mujer, Pandora, que le sirvió a Zeus para igualar a Prometeo. Enviada con una vasija sellada (o «caja») al hermano de Prometeo, Epimeteo, que la presenta a la sociedad humana, Pandora abre la vasija fatal aguijoneada por la curiosidad y recaen sobre el mundo todos los males que contiene, las enfermedades entre ellos, y sólo queda dentro la esperanza. En este mito, Prometeo se muestra como promotor de la civilización humana.

Incesto y muerte

La aparición de los males por obra y gracia de Pandora se refleja en muchas otras tradiciones mitológicas. En la de Polinesia, por ejemplo, se relaciona el origen de la muerte con la creación de la primera mujer. Según una versión maorí, Tane, dios de las selvas y los árboles, formó a la primera mujer con arena de la isla de Hawaiki. Ella le dio una hija llamada Hine-titama o Doncella del Alba, y el dios se casó también con ella, pero la Doncella del Alba no sabia que Tane fuera su padre, y al descubrirlo, huyó a los infiernos. Tane la persiguió, pero la muchacha le dijo que había cortado el cordón del mundo y que a partir de entonces permanecería en los infiernos y empujaría a los hijos humanos de Tane al reino de la oscuridad. Así se originaron la muerte y la prohibición del incesto.

Según un mito de los chochones de Norteamérica, la muerte surgió a causa de una discusión entre Lobo, la divinidad creadora, y Coyote, el embustero. Cuando Lobo dice que cualquiera que muera puede volver a la vida si se le dispara una flecha por debajo, Coyote responde que si todos vivieran, al cabo de poco tiempo no habría suficiente espacio en la tierra. Lobo replica proponiéndole a Coyote que su hijo sea el primero en morir, y Coyote, atrapado en su propia lógica, reconoce que la pérdida de la vida es irreversible.

Un mito inuit (esquimal) refleja la necesidad ecológica de la muerte (cuyo origen se asocia también en este caso con una mujer). Según el relato, durante mucho tiempo no existió la muerte y las personas rejuvenecían periódicamente; pero la población aumentó hasta tal punto que la tierra corría el riesgo de volcarse y arrojar a todos al mar. Al ver el peligro, una anciana pronunció unas palabras mágicas para conjurar la muerte y la guerra, el mundo se aligeró y así se evitó una catástrofe universal.

Causas de la enfermedad

Según la filosofía médica de los yorubas de Nigeria, que trajo a la tierra el dios Ifa, toda persona lleva en su cuerpo los agentes que producen la enfermedad. Estos agentes son «gusanos» de diversas clases, y unas bolsas» situadas en varias partes del cuerpo contienen cierta cantidad de cada clase. Su existencia es necesaria para la salud, y la enfermedad sobreviene únicamente cuando los «gusanos» se multiplican en exceso y estallan las «bolsas». Para evitarlo, hay que observar moderación en la comida, la bebida y el sexo.

En el otro extremo de África, en el sur del Sudán, los mandaris atribuyen las enfermedades a la invasión del cuerpo del paciente por los espíritus o al hechizo de un enemigo. La enfermedad causada por un espíritu del cielo se manifiesta en dolor de cabeza o en la parte superior del cuerpo. La curación se obtiene con un sacrificio ritual destinado a convencer a los espíritus de que se marchen. En el chamanismo de las regiones árticas, Norteamérica y otros lugares, dominan unas ideas semejantes sobre la invasión de espíritus como causa de las enfermedades.